BELLEZA 'OSTINATA'

Poco cabe decir a estas alturas del ensemble Al Ayre Español después de sus más de treinta años de impecable trayectoria en el ámbito de la música antigua y la interpretación historicista. Por otra parte, se trata de una agrupación bien conocida en nuestra región, pues ya han impartido aquí más de un concierto, dejando siempre la misma sensación de buen hacer y, por ende, transmitiendo su disfrute y su pluscuamperfecta sintonía al auditorio.
No fue una excepción el programa ofrecido en la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de San Vicente de la Barquera en la jornada festiva del jueves, dentro del recorrido de Marcos Históricos propuesto por el Festival Internacional de Santander. En este caso, pudimos acercarnos al peculiar universo de los pasacalles y las chaconas, con sus ritmos ‘ostinati’, populares y sensuales en su origen, más galantes, cadenciosos y elaborados después, con el correr de los tiempos y los kilómetros. López Banzo, al frente del ensemble, siempre tiene la deferencia de dirigir unas breves y atinadas palabras al público para contextualizar las obras y justificar su elección, y así lo hizo de nuevo esta vez, hasta en tres apropiadas ocasiones.
Programar este repertorio es un acierto de absoluta modernidad: su propio carácter danzable ya supone un dardo directo al corazón, incluso del oyente más profano; pero además no puede dejarse de lado que esas bases ‘ostinate’ conectan al fin y al cabo con las mismas secuencias de acordes de muchas músicas actuales.
Comenzó la noche con dos briosos pasacalles españoles anónimos de comienzos del XVIII a modo de introducción, que se prolongó con una muy bella chacona del gran Corelli como ejemplo de la magistral asunción italiana de estos sones, siguiéndole la Sonata V del Armonico Tributo del virtuoso salzburgués Muffat. A continuación se alteró el orden del programa, creemos que con acierto, anteponiendo esa preciosa obra colmada de adornos cromáticos que es Les Nations de Couperin, y en concreto su ‘L’Espagnole’ –tributo del compositor francés a la sonata en trío italiana con resonancias hispánicas en sus danzas–, para cerrar la jornada con una luminosa chacona de Caldara.
Impresionó a lo largo de todo el concierto la extraordinaria cohesión de los miembros del conjunto, que se presentó en forma de peculiar quinteto, sin viola pero con un poderoso contrabajo –Xisco Aguiló–, que nos hizo disfrutar profusamente. Lo mismo cabe decir del resto de instrumentos: fantásticos los violines de Alexis Aguado –una delicia su temperamento y sus ornamentaciones– y Kepa Artetxe –qué excelentes sus diálogos y ecos con el primer violín, qué finos contrastes–, quienes además hubieron de luchar titánicamente (y con bastante éxito, por cierto) contra la pertinaz humedad barquereña. Aguiló junto a Guillermo Turina al violonchelo proporcionaron un colorido continuo –aterciopelado y vibrante ‘ostinato’–. Banzo dirigió desde el clave con entrega, sabiduría y honda musicalidad, obteniendo como resultado una elegante vivacidad, entradas perfectas, cuidadas dinámicas, y un sonido empastado y envolvente.
Como propina se abordó una pizpireta versión de la célebre chacona de Maurizio Cazzati; así terminó de redondearse una noche que, premiada con merecidos aplausos, cautivó con sobrados motivos al público.