LA NORMA O EL CORAZÓN

Increíble pero cierto. Visitando al Sr. Green es la primera obra de un dramaturgo norteamericano, Jeff Baron –antiguo ejecutivo metido a escritor–, que se estrenó en un pequeño teatro de Massachussets hace ahora once años. Al año siguiente, Visitando al Sr. Green se representó en el Union Square Theatre de Nueva York, y desde ahí Baron ha visto cómo su texto se ha traducido a casi veinte idiomas, ha sido objeto de más de doscientos montajes en todo el mundo y ha recibido una veintena de premios, entre ellos el prestigioso Kulturpreiss Europa, que entrega el Foro Cultural Europeo, concedido por vez primera a un norteamericano. La cuestión, es evidente, surge de manera inmediata: ¿qué “receta” encierra el texto de Baron para ser objeto de semejante avalancha de reconocimientos, lo mismo por parte del público que de los profesionales del teatro que de la crítica misma?, ¿es posible que, a pesar de vivir tiempos entregados a lo banal y lo venal, se siga acogiendo con agrado un texto bien escrito? La respuesta parece ser afirmativa: increíble pero cierto, una vez más.
El secreto del éxito de la obra de Baron radica tal vez en los problemas abordados, en la mirada agridulce sobre una serie de conflictos que nos afectan –o pueden afectarnos– a todos por igual, en cualquier tiempo y lugar. La aceptación social de la homosexualidad, la convivencia con la propia vejez, la devastadora acción de la memoria, las diferencias generacionales… son sólo algunos de los aspectos en que Visitando al Sr. Green incide, aunque a mi juicio los temas principales de la obra son la soledad, las paradojas de la intolerancia –esto es, el judío reprimido convertido en represor– y la contienda entre la tiranía de la norma frente a los dictados del corazón. Baron sabe desarrollar estos asuntos, de los que resulta obvio que unos son confluyentes y otros no, con extraordinaria habilidad, mediante la contraposición de dos personajes muy distintos: el Sr. Green, un anciano tintorero judío apegado a la tradición, a las manías y a una memoria transfigurada por un inapelable “deber-ser”; y Ross Gardiner, un joven ejecutivo de American Express, igualmente judío aunque indiferente ante ello, que oscila entre el éxito profesional y el fracaso en sus relaciones personales por su condición sexual. A través del diálogo entre ambos personajes –no parece casual que uno se apellide Green y el otro Gardiner, como si estuvieran predestinados a complementarse el uno al otro– van desnudándose sus soledades y quedando al descubierto los auténticos conflictos que ambos albergan en su interior: en el caso del Sr. Green, el alejamiento de su única hija, casada con un “gentil” contraviniendo las normas de la más estricta tradición judía; y en el caso de Gardiner, el aislamiento que le acarrea su propia ruptura de las normas vigentes en el acomodado entorno social y familiar en que su vida tiene lugar, donde no hay espacio para la admisión de la homosexualidad. Esta tragedia, esencialmente sofoclea a pesar de su ambientación contemporánea, se desarrolla en especial en el segundo acto de la obra, a cuyo tono reflexivo se llega tras un acto precedente pleno de comedia, en una transición muy bien resuelta y con un equilibrio muy estudiado por el dramaturgo norteamericano.
Al carácter relativamente novel del texto de Jeff Baron que al principio comentábamos se une en esta ocasión la pública presentación como director de Juan Echanove quien, en su montaje de Visitando al Sr. Green –estrenado ya en diciembre del pasado año–, quiso contar como compañeros de semejante viaje iniciático con dos nombres bien conocidos de la escena española: el actor casi de culto Juan José Otegui y el televisivo Pere Ponce.
La concepción del montaje me ha parecido un acierto del principio al fin, y quiero destacar la extraordinaria sensibilidad perceptiva de Juan Echanove, a quien debe saludarse como espléndido director. Y es que Echanove, al margen de la dirección de actores per se, sabe subrayar conscientemente dos factores que se me antojan fundamentales en el texto, a pesar de no hallarse explicitados propiamente en él: por un lado, la sensación de antigüedad que transmite la obra, o por mejor decirlo, la extraña convivencia de tiempos distantes entre sí; y por otra, la importancia de las puertas que se abren y se cierran en la vida. El montaje, pues, es una mezcla inteligente de elementos del pasado –de los años 50 ó 60– con objetos y situaciones del presente, lo que induce una curiosa repercusión emocional en el espectador. Por otra parte, los momentos importantes de la trama se enfatizan mediante la presencia de puertas que nunca, nunca se abren o cierran en balde: una lección conceptual del gran Echanove, traducida en un decorado sencillo pero elegante, inteligente y con muchas posibilidades escénicas.
De los actores no hay mucho que decir, salvo que Juan José Otegui está sencillamente soberbio en su caracterización del Sr. Green: las inflexiones de su voz, sus movimientos en escena, su eficacia, son precisos y perfectos. Pere Ponce, a quien el monstruo Otegui se lo pone bien difícil, demuestra sin embargo que tiene tablas de sobra y que afronta el reto con solvencia y aplomo admirables; su interpretación, por lo demás, va creciendo a lo largo de la obra, desde un comienzo exageradamente paródico exigido por el texto –que no obstante Ponce mantiene bajo adecuado control– hasta su descubrimiento como personaje con auténtico peso en la obra.
Visitando al Sr. Green, pues, constituye una puerta abierta a la esperanza de que en la escena española aún hay espacio para el teatro sobrio y con calidad.

Comentarios

Carolina ha dicho que…
Hola, Ana. Entré a tu blog buscando datos sobre la obra "Visitando al Sr. Green" de Jeff Baron, porque me gustaría leer el texto y no lo consigo en librerías aquí en Buenos Aires. Pensé que me podrías pasar algún dato de dónde conseguirlo impreso o tal vez si lo tienes me lo podrías enviar. Puede ser en ingles o en castellano. Te lo agradecería mucho. Un abrazo. Carolina De Marco
ANA DE LA ROBLA ha dicho que…
Hola, Carolina. Me temo que conseguir el texto de la obra es bastante difícil. Ni siquiera está disponible en Amazon, que sólo ofrece una especie de amplio programa de mano. Siento no poder ser de más ayuda. Gracias por tu visita. Abrazos.
Carolina ha dicho que…
Gracias, Ana.
Seguiré intentando.
Un abrazo.
Carolina