DELICIAS VENECIANAS


Hay programas de los que a priori sabemos que son apuesta segura. Cuando se reúnen en la misma propuesta la impresionante Orquesta Barroca de Venecia, el extraordinario mandolinista Avi Avital y algunas de las piezas de Vivaldi más conocidas y amadas por el gran público, es difícil no dar en la diana. Sin embargo, pese a lo relativamente previsible del programa y sus resultados, hay que decir que la noche del viernes en la Sala Pereda del Palacio de Festivales tuvo momentos muy deleitosos y especiales, más bien ajenos a «las cumbres» o «highlights» más esperados. Así, el Concerto Grosso La Follia de Geminiani nos transportó a la Venecia más sublime y ensoñada de los lienzos de Guardi, con una OBV perfectamente compenetrada y en estado de gracia, intensa y brillante en sonido. El Concerto di Grupo en Re menor para cuerdas y bajo continuo sonó rotundo en su delicioso y poderoso empaste. Pero el bombón de la noche fue con seguridad el napolitano enmascarado entre los venecianos, el Paisiello que con suma delicadeza y pasión arrolladora y sublime exquisitez nos presentó un Avital absolutamente entregado —y de nuevo muy bien custodiado por la OBV—, que nos sumergió con su precioso instrumento en el insondable abismo de sus posibilidades expresivas. Algo menos gustó, sin embargo, la interpretación del Verano vivaldiano a la mandolina, pues sus recursos se quedan muy escasos para las exigencias de la partitura. La noche se remató con dos peculiares regalos en forma de propina: el largo del Concierto para Flautín en Do Mayor RV 443 y una lindísima danza búlgara tradicional en la que Avital se marcó una explosiva improvisación con destellos del Concierto de Aranjuez y hasta pasajes rock. El atractivo instrumentista israelí puede permitirse lo que quiera, porque lo presenta verbalmente con carisma y lo interpreta con virtuoso placer, llevándonos a su terreno sin esfuerzo. Bonita noche que esperemos sea anuncio de otras iguales o aún mejores.